[REpensar Barcelona] la responsabilidad de arquitectos y urbanistas

josep josep en straddle3.net
Dom Dic 24 11:36:59 CET 2006


"lo que este escondido misionero municipal ha hecho y lo que ha dejado de
hacer, equivale a algo más destructor e irreparable que el paso de la
guerra por cada ciudad" jorge oteiza



REPORTAJE
La responsabilidad de los arquitectos en el desastre urbanístico de España

Escucha, no todo es ladrillo. CATALINA SERRA - Barcelona - 24/12/2006
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Escucha/todo/ladrillo/elpepucul/20061224elpepicul_1/Tes

Frente el urbanismo salvaje crece la protesta de arquitectos y geógrafos
que defienden modelos


En 10 años se han edificado cinco millones de viviendas en España. La gran
mayoría de los arquitectos que han construido bloques de pisos, ristras de
casitas adosadas o chalés seudorrústicos que han desfigurado los campos,
playas y ciudades del país no se sienten responsables del desastre y se
amparan en su papel de técnicos encargados de que los edificios cumplan
con la normativa y se adecuen a los planes urbanísticos municipales.

"Cuando acabé la carrera, en 1996, me hice el juramento hipocrático de que
mi labor profesional se centraría en la rehabilitación y en la
reutilización de los espacios existentes, pero que nunca construiría obra
nueva. No quiero colaborar". Itziar González Virós es uno de los
escasísimos casos de desertores del ladrillo y no sólo ha mantenido su
juramento sino que es una de las arquitectas más activas de Barcelona a la
hora de replantear, siempre en equipo, el modelo urbanístico, tanto en lo
que se refiere al análisis crítico de lo que está sucediendo como a la
propuesta de alternativas que, en su caso, se concretan en su trabajo como
experta en participación. Es decir, como técnica que media entre la
Administración y los ciudadanos, los grandes olvidados de estos años, en
un complejo y largo proceso que ha tenido uno de sus resultados más
interesantes en el acuerdo para la reurbanización de la plaza Lesseps en
Barcelona. Una gota de agua en un mar de cemento, pero algo es algo.

Ella nació en 1968 y se siente parte de la generación del baby boom que se
ha formado en la universidad democrática con unos profesores que fueron,
precisamente, los grandes críticos del urbanismo desarrollista franquista
y que, con los años, se han integrado en las estructuras administrativas
de ayuntamientos y comunidades o han tenido que abandonar sus ilusiones y
esfuerzos por la presión de gestores y tecnócratas, que son quienes
dominan ahora tanto la promoción inmobiliaria privada como la pública. "La
nueva y durísima mercantilización de nuestras ciudades ha exiliado a la
disciplina del urbanismo para situar, en su lugar, el virtuosismo del
aprovechamiento y la edificabilidad, lo que yo denomino la urbanología",
indica González Virós. "Al joven arquitecto le cuesta mucho alcanzar la
experiencia de lo urbano porque está en manos de esta industria que
dominan abogados y promotores y que ha simplificado el reto de construir y
planificar la mixtura y la complejidad. Los del 68 reclamaron
equipamientos y zonas verdes, algo que no puede decirse que se haya
conseguido del todo. Nosotros reclamamos vivienda y participación. Ellos
consiguieron la democracia formal y nosotros queremos la democracia real,
participativa y culta, es decir, que se cultive a los que viven la ciudad,
que aumente su implicación política, que haya libre intercambio de
reflexión, información y formación".

Es un cambio de paradigma en el que no está sola, aunque son voces aún
minoritarias en el espectro mediático de la arquitectura española. En la
otra punta del país, en Sevilla, el colectivo Arquitectura y Compromiso
Social está en la misma batalla. "Hay un error en la formación de los
arquitectos porque se les prepara desde el paradigma del arquitecto
artista, es decir, ha habido un hiperformalismo que ha supuesto la
dejación de la responsabilidad social del arquitecto, que cuando acaba la
carrera ve que prácticamente su única salida profesional es trabajar para
promotores", indica Esteban de Manuel Jerez, miembro del colectivo que,
entre otros proyectos, trabaja en el plan de rehabilitación del Polígono
Sur de Sevilla y, más concretamente, en el famoso barrio de las 3.000
viviendas, "el mayor gueto de España", explica. "Lo que no puede ser es
que se hagan planes generales de nueva construcción cuando, por ejemplo,
en Sevilla hay 40.000 viviendas vacías. Los aspectos de rehabilitación son
fundamentales, pero el problema es que, por una parte, la principal y casi
única forma de financiación que tienen los ayuntamientos es el urbanismo,
es decir, la nueva construcción; y, por otra, la economía española depende
del ladrillo, por lo que es un tema sensible que no se aborda a fondo. La
base del problema es el precio del suelo, cualquier intervención que se
pretenda hacer desde la arquitectura en el aspecto formal, tecnológico o
de abaratamiento de materiales no sirve de nada".

La Ley del Suelo de 1998, que ahora está en proceso de reforma y que
supuso la consideración de todo el suelo como urbanizable salvo que
hubiera un plan especial de protección, no fue el detonante del boom
urbanístico actual, que había comenzado ya a principios de la década, pero
lo multiplicó y sirvió para justificar la fiebre constructora que estamos
sufriendo. El problema es que el paisaje de grúas en el que se ha
convertido todo el país en gran parte está amparado por la legalidad, la
voluntad política de impulsar la economía a través del tocho y la
complacencia de muchos ciudadanos que se han enriquecido con el proceso.

"El desarrollo sostenible, la contención urbanística y la defensa del
patrimonio no dan votos", explica el arquitecto cántabro César Gutiérrez,
que en 2005 dimitió como concejal socialista del Ayuntamiento de Potes, en
el que había ejercido la oposición a lo largo de 14 años, porque, decía en
su escrito de despedida, "los vecinos eligen a los que mejor les
representan por ser parecidos a ellos". "No se puede salvar a nadie a la
fuerza", indicaba, y concluía: "Mientras tenga ojos para ver, no podré
evitar sufrir la degradación galopante de mi pueblo, pero al menos a
partir de ahora no tendré la mala conciencia de pertenecer a una
corporación municipal que, cuando no promueve, tolera la ruina fraudulenta
y el desguace sistemático del conjunto histórico de Potes".

Gutiérrez cree que nada ha cambiado desde entonces, todo lo más ha
empeorado, y que el problema es grave en los pueblos pequeños ya que se
otorga un gran poder a las corporaciones pese a que no tienen ni capacidad
ni conocimientos de gestión adecuados. "La cuestión urbanística es
irresoluble porque es una competencia muy golosa para los municipios y en
la que hay demasiados intereses. La gente, además, se queja ante algún
caso concreto de destrozo, pero en general no se escandaliza y lo ve como
normal. No es un problema de corrupción, que también la hay en ocasiones,
sino que los mismos vecinos piensan que es mejor no entrar en el tema
porque ya les va bien así".

En España están colegiados unos 40.000 arquitectos de los que casi el 80%
son profesionales liberales, es decir, asumen el seguro de responsabilidad
civil por su trabajo. Sólo unos pocos consiguen la fama o el prestigio de
salir en las revistas y allí está una de las grandes contradicciones de la
situación española. Los profesionales de élite, tanto nacionales como
internacionales, sirven en bandeja a los políticos la excusa "cultural" de
muchas de las grandes operaciones urbanísticas con edificios singulares o
actuaciones parciales que poco tiene que ver con la mayoría de las obras
que rodean estos proyectos y que son las que realmente están modificando
el paisaje urbano y rural de España. La realidad es que la arquitectura
española está en manos de los arquitectos anónimos que trabajan para los
grandes promotores y que repiten el mismo modelo con el único objetivo de
rentabilizar el beneficio del suelo y de la construcción.

"A los arquitectos estrella se les ha utilizado para justificar
operaciones urbanísticas que son, cuando menos, dudosas", indica Carlos
Hernández Pezzi, presidente del Consejo Superior de los Colegios de
Arquitectos de España (CSCAE). "El arquitecto tiene una responsabilidad
social y personal en lo que está sucediendo y no vale ampararse, como
dicen algunos, en que es un trabajo técnico y la culpa es de la empresa o
la administración para la que se trabaja. Creo que en los últimos años
algunos colegios han entendido que no se trata de proteger a sus miembros
de forma corporativa sino de velar por el prestigio y la responsabilidad
social de la profesión. En el terreno interno, los colegios tienen
mecanismos disciplinarios y códigos éticos que deberían aplicar para
evitar algunos de los desmanes que hacen sus colegiados, y, en su
proyección pública, pueden hacer oír su voz sobre los destrozos del
paisaje y del patrimonio del país".

Aunque la realidad es la que es y parece evidente que esta responsabilidad
personal y social no la asumen todos por igual, algunos colegios
profesionales están por la labor. Puede sorprender después de todo lo que
se sabe del caso Andratx y echando un vistazo a la sistemática destrucción
constante del paisaje mallorquín, pero el Colegio de Arquitectos de
Baleares llegó a inhabilitar hace un año a un arquitecto y ha sido activo
en la denuncia de casos de supuesta corrupción de sus colegiados, como el
de un arquitecto municipal del Ayuntamiento de Sant Josep de Ibiza que
informaba, por supuesto favorablemente, los proyectos de su nuera en el
propio municipio, en cuya redacción se sospechaba que él había
participado, en una zona, además, protegida. "Tenemos un código ético
bastante más estricto que el resto sobre incompatibilidades y desde hace
un año funciona una comisión dentológica cuyo objetivo no es esperar que
lleguen los casos cuando el daño está hecho sino tener una acción
preventiva, es decir, a la mínima sospecha se abren expedientes de
información", explica Luis Corral, decano de este colegio.

"No es una oficina que surja del caso Andratx", añade. "Ya habíamos
colaborado con la fiscalía antes de esto y ahora la colaboración es más
intensa. No todos los arquitectos son corruptos y de lo que se trata es de
que los casos aislados, que existen, no pongan en cuestión la labor de los
arquitectos en general. Ahora la labor de la justicia, que durante un
tiempo tuvo una cierta dejadez en estos casos, es más potente y no se va a
parar aquí. Vamos a colaborar para clarificar esta situación y además
iniciaremos todos los expedientes informativos y disciplinarios que hagan
falta".

Si los arquitectos y sus colegios tuvieron un papel importante durante la
transición, desde finales de los ochenta y hasta casi entrado el nuevo
milenio, su voz crítica quedó diluida en los aspectos técnicos del visado
y servicios a los colegiados sin más repercusión social que la pátina
cultural de sus exposiciones, generalmente autocomplacientes. "En la
Comunidad Valenciana, los arquitectos municipales están en primera línea
de fuego y han sufrido muchas veces presiones increíbles. Cuando han
pedido el apoyo del colegio se ha respondido, pero a veces de forma más
testimonial que eficaz", reconoce Fabián Llisterri, ex decano del colegio
de la Comunidad Valenciana, una de las más afectadas por el urbanismo
salvaje y en la que han aparecido numerosas asociaciones y colectivos, en
los que participan arquitectos y otros profesionales además de vecinos
afectados, críticos con el modelo imperante. "Los arquitectos tenemos una
responsabilidad específica que no podemos obviar, lo que ocurre es que
nuestra influencia es muy limitada porque quien legisla y aprueba los
planes es la Administración. Aun así, y muchas veces en ambientes hostiles
que apoyan el crecimiento sin límites, algunos hemos participado en
debates y firmado manifiestos en defensa de una actitud más racional y
respetuosa con el territorio o la sostenibilidad y, como pasa en otros
estamentos de la sociedad, también hay un sector de arquitectos que ha
apoyado y se ha beneficiado del urbanismo galopante que hemos sufrido".

De entre los manifiestos que ha firmado Llisterri destaca el que lleva por
título Por una nueva cultura del territorio, presentado en marzo de este
año y que ya lleva recogidas más de 700 firmas de arquitectos, urbanistas
y geógrafos, un colectivo este último que figura entre los más activos en
la crítica a la desaforada urbanización del país. "El manifiesto surgió de
un grupo de profesionales preocupados por la evolución del modelo
territorial, no tanto por la corrupción sino por el mismo modelo del uso
del suelo", explica Rafael Mata, uno de los promotores del documento y
presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles. "Los delitos
urbanísticos existen y la justicia tiene que perseguirlos, pero dentro de
la legalidad el modelo actual también es lesivo para el medio ambiente, la
calidad de vida de los ciudadanos y para asegurar el acceso a la vivienda.
No fue un manifiesto respuesta a lo que pasó en Marbella, aunque coincidió
en el tiempo, sino que va más allá. Está fallando el modelo. Se construye
sin planificación, a golpe de planes parciales o actuaciones singulares
que no están contempladas en una planificación seria del territorio. Y,
cuando la hay, los planes se sortean o no se aplican adecuadamente, de
manera que lo que la ley contempla como excepción se está convirtiendo en
la regla". Es lo que pasa, añade, con el suelo, que ahora es todo
edificable hasta que no se demuestre lo contrario. Y así nos va. Lo dicho,
hacen falta más desertores.


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